Francisco Ferrer Guardia
A las Sociedades de Resistencia (2)
Continuando mi tema del número anterior, digo que aunque dejemos el sábado para las conferencias de Extensión Universitaria, que vienen á ser una especie de misa científica, sería bueno rechazar las fichas y los naipes como entretenimiento burgués, para dedicarse á estudiar que profesiones, al día siguiente del triunfo de la huelga revolucionaria, han de resultar, á lo menos por el momento, inútiles, innecesarias, y qué otras han de reforzarse y aun implantarse de nuevo, según las condiciones locales, comarcales y aun de mayor extensión.
Bastará indicar á bulto algunas de las primeras: joyeros, pasamaneros, bordadores, modistas, pasteleros y en general todas las industrias que abastecen de cuanto sirve para la soberbia, la vanidad, la lujuria, la glotonería, la frivolidad, etc., de los privilegiados, quienes serán dados de baja definitivamente.
Respecto de las segundas, la cosa varía; aunque á pesar de tanto zángano, en la colmena social presente hay producción sobrada, en el momento crítico que prevemos habrá escasez; lo que se explica por el ansia perturbadora que han de manifestar los exprivilegiados y los neutros al ver interrumpidas sus rutinarias costumbres, de la que da una ligera idea esa multitud que hace provisión de pan para una semana en cuanto corren rumores de que se va á armar la gorda. Así harineros, tohoneros, matarifes, agricultores en general y obreros del transporte de importación como necesidad local egoísta, y de exportación como necesidad extralocal de solidaridad altruísta, referente todo á la alimentación como necesidad urgentísima, merece una atención que nunca será bastante recomendada.
Merecen los albañiles una mención [esp]ecial, pero no como constructores [sin]o como demoledores. Hay edificios [qu]e suelen ocupar puestos preferentes [en] las ciudades, villas y aldeas que, no [sol]o dan mala sombra, son verdaderos [est]orbos, sino que mientras esten en [...e] ejercerán sugestión maléfica y se[ra] fuente constante de atavismo de [...]ictismo, de superstición y además [cons]tituiran incesante peligro reaccionario, y son aquellos en que se alber[ga]n los representantes de las dos ficcio[ne]s en cuyo nombre más daño a reci[bi]do la humanidad entera en general [y] en los desheredados en particular: la re[...]ón y la autoridad. Eso por una par[te]: luego hay barrios en que las calles [y] casas son tan malas por antihigiéni[ca]s, estrechas y sucias, que más que ha[bi]taciones humanas son lugares de [mu]erte, donde sólo pueden recogerse [in]felices que viven muriendo entre toda [cla]se de infecciones, para fomentar la [ga]nancia de los propietarios, quienes, [a] semejanza de aquellos emperadores [que] arrojaban esclavos en los lagos de [las] murenas para que comiendo la car[ne] de aquéllos fuera la de éstas más [ap]etitosa, arrojan proletarios á los mi[cr]obios para que abunde el oro de as[pe]cto brillante y timbre sonoro en sus [...cas].
No apuntaremos ideas detalladas [ac]erca del problema de las habitacio[ne]s para todos, ni para el vestido y dis[tr]ibución de todo género de cosas [pa]ra las necesidades de la vida; precisa[m]ente lo que se necesita es que se estu[di]e, que se invente, que se solucione [to]do; y para ello, claro está, hay que [ga]star energía cerebral, y eso es lo que [pe]dimos a las sociedades de resistencia, [qu]e sustituyan fichas y barajas por el [o]ro (que buenos, claros, detallados, [v]erdaderos y de arte sublime los hay), la conversación fútil por la discusión minosa, y de esa manera, á la vez[qu]e se recrean dignamente, se elevan a la altura que les corresponde.
CERO